El miedo y mi Fibromialgia.

Antes una salvedad; una amiga me preguntó recién el porqué siempre tiendo a encabezar un nuevo post con un tópico y luego “mi fibromialgia” como este “el miedo y mi fibromialgia”, me parece conveniente la pregunta para responderla ahora a ustedes; lo hago porque creo que así como cada paciente refiere sus propios síntomas así mismo creo que no todas nostras sintamos lo mismo, yo hago referencia a lo que siento y puede que muchas de ustedes lo sientan también o como puede que solo me pueda estar pasando a mi por el momento, así que por esa razón lo asocio a mi, porque creo que mientras esta enfermedad siga jugando a la ruleta rusa con nuestro cuerpo, síntomas y sentimientos, será entonces una lucha personal cuerpo a cuerpo con este invisible pero agobiante síndrome.

Ahora bien el tema que me trae de vuelta y que creo que es necesario abordar es el miedo, como siempre lo trataré desde mi experiencia y espero de corazón que sino les ayuda al menos les haga ver otro punto de vista y sientan que no están solas.

miedo

Debo decir que el miedo quiere ganarme la batalla, todos los días y he de confesarlo lucho por que el miedo no me gane más terreno, y si deben estar preguntando ¿miedo a qué?, pues debo irme un poco más lejos (no tanto) para contextualizarlas y espero no aburrirlas, así que procuraré ser lo más breve.

En el colegio no podría decir que era una chica muy osada pero sí me atrevía a hacer cosas, todo por aprender, siempre la curiosidad que uno tiene a esa edad te “empodera” de cierta forma; ya en la universidad me sentía realmente en mi ambiente, con gente magnífica y tan llena de expectativas como yo, así que probar cosas hacía parte de la experiencia de “madurar”, de crecer y ser una profesional; sin embargo, si había algo a lo que temía era precisamente a la incertidumbre del futuro, bueno fue una incertidumbre dentro de lo que podemos llamar “normal”, cuando no sabes en lo que te convertirás y lo que serás; sin embargo, cuando empezaron a revelarse los primero síntomas de lo que hasta entonces no sabía que se convertiría hoy en “fibromialgia”, el miedo empezó a entrar calladamente en mi vida, haciendo daño desde el silente rincón de mi ansiedad. Este miedo era diferente al de la niñez y al de la adolescencia, este estaba creciendo en la base de mi ignoracia, y no era un miedo constructivo como es aquel en el que algún día te enfrentas para demostarte a ti misma que superas los obstáculos que creías invencibles; no, este miedo surgía de otro lado y por entonces no me daba cuenta de su impacto en mi vida.

El miedo a vivir, así le llamo porque no encuentro otra forma para denominarlo, me di cuenta cuando en medio de una crisis, cuando no podía moverme de mi cama por el dolor intenso e inexplicable, me sumí en una depresión tan honda que sentí perder la batalla al punto de dejar que mis fuerzas se fueran, recuerdo cerrar los ojos y pedir a Dios que me llevara, ya que no podía entender lo que me estaba pasando, en ese momento el miedo ya me gobernaba y se transformó en resolución, una terrible resolución de abandono de mi misma, al ver a mi mamá llorar en silencio mientras intentaba darme alivio fue la gota que terminó de minar mi ánimo.

Superé y no sé como, supongo que mi mamá tuvo que ver con eso, esa terrible crisis, que me sentí como si hubiera “resucitado” (perdónemne la expresión) pero así me sentí, no digo que con energías renovadas porque no fue así, me sentía como si hubiera luchado con un león y me haya yo salvado por un pelo, sentía dolor pero al menos podía caminar hasta el doctor. Luego de eso, el simple hecho de salir a la calle me daba, no digo miedo, me daba auténtico pavor, pero el instinto de supervivencia te empuja y salí. Recuerdo que mi madre me monitoreaba, llamándome para saber cómo estaba y dónde estaba (en caso de, ya saben, ir por mi), ese simple acto de mi mamá me daba algo de tranquilidad (Dios la bendiga por eso).

Luego vinieron los ataques de pánico, el insomnio y la neblina mental (no en ese orden estricto), entonces el miedo fue formando raíces más fuertes, hiperventilaba y sudaba frío de solo pensar en seguir con mi vida, y luego pensaba ¿cuál vida?, ¿qué tipo de vida es esta supeditada no solo al dolor sino al miedo?. No sé que me agotaba más, el dolor o el miedo, creo que este último pues me estaba llenando de algo que solo podía empeorar mi estado y ustedes saben, para el miedo no hay receta.

Ya no veo como antes mi vida, cada día agradezco levantarme con menos dolor o por lo menos de contar con la compañía y comprensión de mi mamá; en las noches me digo que ya superé otro día y que ojalá el siguiente sea menos difícil, pero una cosa es el dolor que esta enfermedad trae y otra muy distinta es el efecto secundario que esta enfermedad me está produciendo, tengo miedo hasta de las pequeñeces, y vivir con miedo no debe ser una opción siquiera porque envenena el ánimo, empeora los síntomas y de él no saco lo mejor de mi, es como un tumor que crece y quiere condenarme a una vida miserable.

¡No tengas miedo!, me digo y le digo a otras compañeras con este síndrome, porque el miedo nos condiciona, nos hace tomar solo malas decisiones; el miedo lo primero que me hizo es hacerme creer que no puedo soportar lo que venga, que me tengo que rendir y que estoy completamente sola, lo cual es falso y lo sé, pero fue difícil darme cuenta, nada de lo anterior es verdad, he luchado y todavía sigo aquí, pero el miedo no te deja ver con claridad, solo todo lo empeora o lo exagera para hacerte creer que no puedes, que no tienes las fuerzas suficientes y que sufrirás el rechazo de los que amas y lo peor de todo, tú le crees porque miras a tu alrededor y el futuro no se ve muy prometedor, pero debes saber que el futuro no existe, no, porque es el hoy lo que tienes para ti; si tienes un hijo solo míralo en este instante, ese es tu hoy, al verlo y sentir lo que sientes cuando lo ves yo lo hago con mis padres, con mis hermanos, mis amigos o con mis dos perros; así que no importa que el miedo te diga cómo se ve tu futuro, eso no lo sabes tú y mucho menos lo puede saber el miedo que proviene de ti.

El no saber qué va a pasar con mi vida son solo ficciones con las que se alimenta mi miedo, pero son unas ficciones poderosas porque van cargadas con años de dolor en muchos aspectos y no solo físicos, debo seguir adelante hasta donde el camino me lleve, pero un paso a la vez; parte de mi terapia que estoy haciendo para dominar mi miedo es cambiar mis rutinas, aprender todos los días algo nuevo y enfretarme muy controladamente a lo que me produce miedo sin presiones pero sí con disciplina, no es fácil, de hecho aún trabajo en ello, este blog es una prueba para mi, ya que hablar de algo tan difícil ha sido no solo una catarsis sino una manera de manejar mi miedo a no volver a escribir (dejé que mi miedo me hiciera creer que perdería mi capacidad de escribir a causa de la fibroniebla), así que este es un pequeño triunfo para mi sobre mi miedo, es verdad que ya no escribo con la fluidez y la rapidez de antaño, pero no lo dejo de hacer así sea lento, muy lento mi proceso. No hay un fórmula que a todas las personas les sirva igual, así como yo tengo miedo muchas mujeres con este mal se enfrentan a situaciones más duras y a pesar de sus miedos son valientes y salen avante, tengo tanto que aprender de ellas, de ustedes.

No sé qué será de mi futuro, ahora confieso que me tiene sin cuidado, porque el solo pensar en ello me estaba desahuciando, respiro, doy amor, doy la pelea y sigo hoy, mañana no sé, ni quiero saber, la fibromialgia impone retos que hay que afrontar de uno a la vez, me heredó el miedo y yo estoy renunciando a esa herencia al ritmo de mi otra herencia dada esta por mi mamá, el valor.

Gracias a todas por leerme le dejo hoy como siempre un suave abrazo.

Moni.

Imágenes: freeimages.com

 

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